top of page

¿Dónde buscar la felicidad?

Actualizado: 12 ago 2022




¿Podemos ser felices viendo Netflix todo el fin de semana sin nada más que hacer? Muy probablemente sí. Quizás necesitamos un descanso o un tiempo de recuperación de un período estresante y justamente un espacio para no hacer nada demandante nos sirva de mucho. ¿Podemos ser felices viendo Netflix todos los fines de semana sin nada más que hacer? Muy probablemente no. De hecho, esa parece ser más bien la fórmula para una infelicidad garantizada. Hagamos la misma pregunta, pero con sexo. ¿Es feliz el galán que todos los fines de semana elige una dama diferente para juntos disfrutar del placer? Se nos complica la cosa, ¿verdad? Porque casi todos estamos de acuerdo en que el placer produce felicidad. Pero pareciera que esta forma de felicidad tiene una vida muy corta. Quizás nos alcance para el desayuno. Lo que la ciencia de la felicidad nos dice es que la contribución del placer sexual a nuestro bienestar personal no es tan alta como generalmente pensamos. Igual sucede, por ejemplo, con querer ser más atractivos para, justamente, poder obtener ese placer del que hablamos. En lugar de intentar ser más atractivos deberíamos procurar que nos guste la forma en que nos vemos. Esa aceptación nos aportará mucho más que una cirugía plástica.




Como seres humanos tenemos una tendencia a hacer lo que no nos conviene, a hacer aquello que nos garantice la supervivencia, pero no necesariamente la felicidad. Es una condición natural, evolutiva, que nos permitió sobrevivir, y a esa condición le debemos estar vivos. En la capacidad para sobrevivir somos expertos, llevamos siglos haciéndolo. En la oportunidad para ser felices somos novatos. Pero para ser feliz, hay que aplicar las condiciones que llevan a la felicidad. Pareciera tremendamente lógico, pero no lo es tanto. El opuesto también es cierto, si practicamos con frecuencia los hábitos de infelicidad, pues seguramente seremos infelices. La felicidad debe ser un hábito que practicamos con frecuencia, no siempre, porque todos tenemos días y momentos difíciles, pero con la frecuencia suficiente para ayudarnos a tener un estado de bienestar general consistente.

Y precisamente porque somos novatos en aprovechar las oportunidades para ser felices, acudimos a fórmulas de novatos. Seré feliz cuando sucedan condiciones especiales en mi vida: cuando me case, cuando me den el aumento que siempre quise, cuando compre la casa en el barrio lujoso, cuando tenga el auto del año, o cuando conquiste al galán de mis sueños. Uno muy usual: seré feliz cuando tenga mucho dinero. Y al contrario, nos lucimos: no podré ser feliz después de un matrimonio fallido, o si permanezco soltero, o si soy pobre.


¿Dónde podemos buscar lo que pareciera que nos da una felicidad duradera? ¿Qué hemos aprendido en estos apenas 50 años que llevamos estudiando la felicidad? La ciencia nos da una referencia, que si bien no aplica de manera igual para todos, nos ayuda a entender cómo funcionamos. Esa referencia dice que la felicidad tiene tres componentes.


El primer componente es genético. Todos conocemos personas que sufren mucho pero no dejan de sonreír y tener una actitud maravillosa ante la vida. También tenemos amigos que parecen tenerlo todo, pero diariamente se quejan de lo difícil que es la vida para ellos. ¿Cómo explica uno eso? Pues es muy “sencillo”: la genética cuenta por el 50% de nuestra felicidad. Si hay que ganar una lotería en la vida, es la de los genes que nos heredan papi y mami. Y uno de ellos o ambos ha contribuido a que todos tengamos una línea base de felicidad, esa línea que nos hace sonreír aunque estemos en momentos difíciles o sufrir aún en condiciones favorables. Por eso una persona no muy atractiva puede ser tremendamente feliz y una reina de belleza puede ser tremendamente amargada. Eso no quiere decir, y la vida es generosa, que estemos sentenciados a un estado o al otro. Los genes no son el destino. Sin importar la línea base en la que nacimos, con las prácticas correctas, podemos incrementar nuestros niveles de bienestar.


El segundo componente es bastante engañoso. Lo que dice la ciencia es realmente impresionante: ciertas circunstancias de la vida, como nivel de ingreso, belleza física, estado civil o estado general de salud tienen un efecto muy reducido en nuestra felicidad, apenas un 10%. Es decir, y créanme, no hay mucha diferencia entre su galán favorito, guapo y famoso de Hollywood, y yo. Ambos tenemos, basados en dichas circunstancias, prácticamente la misma probabilidad de ser felices. Así de generosa es la vida con cada uno de nosotros. Podemos ahorrarnos mucho tiempo y dinero por dejar de buscar la felicidad dónde no está.

Observe con cuidado la siguiente lista. Esas son algunas de las circunstancias de la vida que, aunque le parezca increíble, casi no van a aportar a su felicidad. ¿Le está apostando a ellas para ser feliz? Acá está la casa soñada, el carro del año, el gran salario y la belleza física, por ejemplo.





Si las circunstancias de la vida, aquellas a las que siempre le hemos apostado para ser felices, apenas cuentan para un 10% (qué engaño), y la genética tiene un peso del 50%, nada despreciable, pero sin sentencia, ¿dónde reside ese 40% mágico, importante, determinante? Ese es el tercer componente, un 40% que nos brinda un margen bastante alto para aumentar nuestros niveles de bienestar, y consiste en las actividades diarias que practicamos con la intención de sentirnos bien y crecer como personas, en nuestro comportamiento diario o frecuente, aquello que escogemos hacer que nos beneficia, en oposición a hacer aquello que nos perjudica.


Veamos un ejemplo. El predictor número uno de felicidad, es decir, la principal razón para que llevemos una vida feliz, es la calidad de relaciones que tenemos con otras personas, sean pareja, amigos, familia o compañeros de trabajo. Si algo hay que tener en la vida es relaciones sanas y fuertes con otros seres humanos. En ellas encontramos razones suficientes para ser felices y con beneficios más duraderos que un encuentro sexual casual. El peso de este predictor es altísimo y de largo plazo. ¿Quiere apostar en la vida a las cosas materiales? Está bien, es válido, y puede que le hagan feliz, pero es muy probable que esa felicidad sea efímera. Mejor busque pasar tiempo con sus amigos y familia, que aún con un sencillo café le dará más felicidad.


Estas actividades intencionales, conscientes, representa las acciones a las que deberíamos apostar para ser felices, y nos abre un espacio espectacular y tremendamente amplio para diseñar una vida de una manera positiva y feliz. Nuestro comportamiento intencional marca la total diferencia entre una vida casi plena y una infelicidad fortuita. ¿Se puede ser más feliz? Sí, claro, la respuesta está en ese 40%.

En la siguiente figura se muestran algunas de esas actividades que se ha demostrado contribuyen de manera duradera a la felicidad.



Hay infinitas formas de ser feliz. La tabla anterior nos permite diseñar, crear y vivir una vida con sentido. En realidad, podemos procurar tener actividades de ambas tablas, porque aunque el 10% no es tan relevante como pensamos, aporta en nuestro día a día. Parte del secreto es experimentar las que funcionen para uno mismo, con intención y libertad. Pruebe, experimente, cambie, innove. No deje su vida a un modo automático, aleatoria, casual. Diseñe su vida, es el mejor regalo que se puede dar. La felicidad está en sus manos. En Yourney podemos brindarle una charla o taller para explicar o personalizar estos 3 componentes de la felicidad. La intención no es solamente entenderlos, sino lograr diseñar una vida que tenga sentido para cada uno. En el siguiente blog vamos a analizar un principio trascendental para entender cómo funcionamos y cómo funciona la felicidad personal: el “Principio de Adaptación” o “Adaptación Hedónica”.



132 visualizaciones2 comentarios

Entradas recientes

Ver todo
bottom of page